Profesores, docentes, maestros y formadores.

Todos son sinónimos de un concepto que es muy claro. Se refiere a una persona que es capaz de transmitir una serie de conocimientos, habilidades y destrezas a otra persona o niños. ¿Cierto? ¿Estas segur@ de tu respuesta?

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Aula anfiteatro by UnB Agencia (flickr)

Volvamos un poco la mirada atrás, no es necesario volver a la niñez si no quieres. Seguro que tienes en la memoria alguna de estas personas que se dedicaban a enseñarte de los que guardas un especial recuerdo. A parte de la posible simpatía que pudiera tener, es probable que te acuerdes de esa persona por la forma que tenía de compartir su conocimiento. Por otro lado, con un poco de esfuerzo, también recodarás a alguien que está justo en el lado opuesto.

¿Que hay entre esas dos personas? Si se dedican a lo mismo…

¿Por qué no causan el mismo impacto o parecido en ti?

Sin conocer tu caso concreto y sin entrar en detalles, ahora mismo te podría decir sin equivocarme mucho lo que ocurre. En el primer caso es alguien que realmente siente su trabajo y profesión. Trabaja para conseguir transmitir ese conocimiento. Piensa las distintas formas que tiene para hacerlo según los recursos que tenga a su mano. En el segundo, es o era una persona en la que entendía su trabajo como ser un erudito de tema que trataba y su labor era poner en tu mano ese conocimiento. Aquí hablo de llegar al aula, exponer su sabiduría y largarse.

Intentemos acercarnos a lo que consigue el primer tipo de persona. Es el momento de la creatividad. Por todos es conocido que la disposición habitual de los alumnos en tipo patio de butacas es la peor para la mayoría de las cosas. Salvo que esté anclado al suelo el mobiliario, muévelo y busca otras formas de colocar a los alumnos. En U, en grupos, en 2 filas enfrentadas, etc. Esto no es suficiente, la forma del continente también afecta al contenido. Leer presentaciones proyectadas no te lleva a comunicar más ni ser mejor. Busca otras fórmulas, a menudo la gente tiene más de ideas sobre un tema de lo que piensa, por qué no hacer que te expliquen a ti lo que sabe tu audiencia sobre ese tema. Escribir en pizarras o rotafolios no es anticuado, con una buena planificación de la clase puedes concentrar toda la atención y expectación en lo que escribas o dibujes según hables.

Depende del tipo de alumnos que tengas en frente puedes hacer una clase muy interactiva, preguntar directamente no es una opción, pero pedir su colaboración es más sutil e integra a la gente tu exposición.

Las dinámicas de grupo son unas de las grandes olvidadas, no son únicamente para los más jóvenes. Los más adultos también las disfrutan y no solo sirven para romper el hielo y perder esa vergüenza previa de grupo. Aquí la gamificación de la formación puede ser una gran opción. (ver entrada gamificación en la formación)

Hay muchas cosas que pueden convertir la adquisición de conocimientos en un evento atractivo y divertido para ambas partes. Solo hay que ponerle un poco de imaginación al tema y sobre todo salir de la zona de confort que da esa silla elegida que está al revés que todas. No es casual que sea la silla que está al revés del resto, y por esto es por lo que necesita una persona diferente.