La creatividad te engaña

Hoy voy a confesar algo que nunca he visto que comente alguien que se dedica al ámbito de la creatividad o la innovación.

ejemplo de los 2 tipos de engaños en Ilusiones ópticas. Ejemplo de como la creatividad te engaña

ejemplo de los 2 tipos de engaños en Ilusiones ópticas.

Quiero hablar del lado perverso de la creatividad. De las muchas formas de definir la creatividad una de ellas es aquella de conectar de forma diferente dos conceptos ya conectados, o directamente conectar dos cosas inconexas. En este proceso es cuando la creatividad te engaña sin que lo sepas.

La creatividad se genera por una parte, de forma inconsciente. El cerebro tiene sus propias “rutinas” que dan como resultado ideas. Esas ideas disruptivas o de pensamiento lateral en la mayoría de ocasiones se aceptan como buenas por el hecho de ser “creativas”. Otra cuestión es el valorar como de buena o mala es para el fin por el que se ha buscado.

Sin embargo, en ese proceso inconsciente, en ocasiones somos engañados por nosotros mismos. En otras hojas del cuaderno he comentado la contaminación creativa. Un concepto de como las ideas se pueden ver influenciadas. Mejor dicho, de como determinados detalles pueden llegar a encauzar o condicionar una respuesta concreta. El mejor ejemplo de esta acción son los “juegos” de ilusiones ópticas. Que yo definiría 2 tipos de “engaños” en las ilusiones ópticas.

Uno de esos tipos es cuando la imagen en cuestión genera confusión por si misma porque parece una cosa que no es. Similitud de colores, formas, etc… En la imagen de arriba, la de la izquierda. ¿Ves dos personas o solo una? Y otro tipo es cuando realmente la imagen es neutra y es el cerebro el que conecta esa imagen con algo del interior de la persona. Digamos que aflora el mundo personal oculto que cada persona tenemos. Con eso, interpretamos lo que nos sugiere o recuerda esa imagen. En la imagen de arriba, la de la derecha. ¿Ves un torso desnudo o dos bailarines?

Esto llevado al terreno profesional o laboral también ocurre. Es cuando en ocasiones se dice que “te has enamorado de tu propia idea”. ¿No te ha ocurrido de necesitar una idea brillante, realizar una aportación y que de forma generalizada dijeran que no era tan buena? También se puede “encontrar” este autoengaño cuando por presión o estrés, solo eres capaz de llegar a una misma solución o concepto final. Yo llegaría a hablar de monstruos interiores. Miedos de distinto tipo si lo concentramos en terreno profesional. Tras mucho pensar, de forma recurrente terminas llegando al mismo razonamiento una y otra vez.

Otras veces, ese autoengaño, es por un tema de prejuicio. A mi me pasa. Aunque digamos que no, todo el mundo tenemos barreras mentales y opiniones más o menos formadas sobre cualquier tema. Y es muy complicado ser capaz de gestionar procesos creativos si no sabes desvincularte emocionalmente o moralmente. En eso es en lo que se apoya el engaño de la creatividad, cuando no trabajamos con una mentalidad aséptica. Nosotros mismos podemos llegar a generar ideas que están coartadas por nuestras propias creencias.

La forma de evitar este mal de la creatividad es jugar mucho con ella, entrenar la capacidad creativa para que tenga más desarrollo y sobre todo, ser muy auto-crítico con los resultados. No todos los días estamos igual de preparados para enfrentarnos a un proceso creativo ni tenemos el mismo estado de ánimo. En este punto, yo diría que ante la duda, es mejor poner en cuarentena la idea y dejar que otras personas valoren si se desecha. Incluso avisar de que esa idea puede que no esté 100% limpia. Si te conoces, sabes cuando puedes estar contaminando de forma inconsciente una idea.

En cierto modo, debería ser una obligación y requisito para trabajar procesos creativos o de innovación. Ser consciente de cuando la creatividad te engaña.

Por todo esto, mi consejo es que en determinados ambientes de innovación, sea una obligación cuestionar cualquier idea y buscar una unanimidad del equipo respecto a la reflexión o filosofía que puede haber bajo una propuesta.