Toma de decisiones

La toma de decisiones es algo que siempre pone nerviosa a cualquier persona. Por muy acostumbrada que esté a trabajar bajo presión y a tomar decisiones trascendentales que puedan cambiar el curso de la historia y de los acontecimientos.

Cierto es que no todas las tomas de decisiones son igual de importantes o transcendentales. Desayunar un café y elegir poner azúcar, no ponerla o echarle algún edulcorante no es algo realmente vital, quizás si esa persona es diabética si, pero por lo general no.

Pero en otras ocasiones son más difíciles, como por ejemplo un directivo o un inversor que tiene que decidir que hacer con por ejemplo 4 millones de euros ya hace que empiecen los sudores fríos. El resultado es vital que sea correcto, ya no óptimo sino correcto. Puedes verlo en esta otra hoja del cuaderno.

toma de decisiones

Decisions by visiondrops (flickr)

Si buscas por Internet, verás que hay mil historias sobre como tomar decisiones acertadas, desde pequeños consejos hasta carísimos cursos online pasando por todo un abanico de posibilidades que se puede resumir en: Usar la cabeza VS usar el corazón.

Usar la cabeza, lo tenemos que entender como reflexionar y cuestionar que es “lo mejor” casi siempre se filtra a nivel moral y ético. Aquí se busca la opción que es mejor para el grupo o para las partes implicadas, en cierto grado usar la cabeza en la mayoría de ocasiones desemboca en tomar una respuesta tradicional y proteccionista. Buscar la seguridad.

En contraposición usar el corazón, se vincula a la parte emocional y sentimental. Se empatiza con parte del resultado o consecuencias que puede conllevar la decisión. En ocasiones es hacia otras personas o grupo de personas y en otras ocasiones es hacia la propia persona que tiene que elegir un camino. Hacer lo que quieres enfrentado a hacer lo que debes. Este tipo de respuestas se relacionan con los impulsos, el riesgo, la inmediatez, no pensar las consecuencias que puede traer esa decisión.

Entonces, ¿Hay una opción mejor que otra? No, para tomar decisiones hay que usar las dos partes. Un ejemplo: Te encuentras en una piscina. Accidentalmente se cae una persona que tu quieres al agua (hijo/a, hermana/o, padre, madre…) y por algún motivo no es capaz de salir a flote ni hace pie. Se está ahogando. ¿Cual es la decisión que tienes que tomar?

NO tirarte tú al agua a no ser que seas socorrista acuático y dar la voz de alarma. A la vez puedes lanzarle objetos que floten para ayudarle. Pero espera a que llegue alguien con los conocimientos adecuados. Si tu te tiras sin pensarlo, estas acrecentando el problema. Casi con toda seguridad la persona que se está ahogando te va a agarrar y te va a arrastrar con ella al fondo de la piscina. Ahora el problema se ha multiplicado, hay que salvar a la persona que ha caído al agua por accidente y a tí que te estas ahogando arrastrado por ella.

¿Cabeza o corazón? Tirarte al agua es corazón, pero la cabeza te permite ser más eficiente y obtener mejores resultados. Si realmente te importa esa persona tu mente te ayudará a decidir que opción de las que tengas te hará tener más probabilidades de éxito para que la persona del agua sobreviva

La creatividad o el pensamiento lateral que parece que aquí no pintan nada te van a ayudar mucho. Si tienes desarrollada esta parte de tu mente. Cuando ocurra esta situación, tus opciones de respuesta se van a multiplicar. No solo vas a tener la opción de tirarte al agua a salvar a la persona o la de llamar a emergencias. Te van a surgir otras opciones que pueden ser tremendamente válidas y eficientes para resolver el problema. Usar por ejemplo el limpia fondos para que se agarre la persona y sacarla del agua. Sujetarte con una manguera y tirarte al agua, agarras a la persona y el resto de gente que haya allí os sacan recogiendo la manguera.

La creatividad es una herramienta tremendamente útil. En el caso de la toma de decisiones, te aydará a sacar más opciones entre las que elegir. O al menos, te dará una lista más amplia de motivos para escoger con la cabeza o el corazón.