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El marketing de los sentidos

Piensa en una acción publicitaria o experiencia de cliente. Lo más normal es que haya sido algo que puedas ver, tocar y escuchar.

Imagen nocturna evocativa de sensaciones para marketing de los sentidos

… by Emilia Garassino (flickr)

Como máximo hemos trabajado 3 de los 5 sentidos que tenemos. ¿No crees que se puede mejorar?

No pienses que esto es algo nuevo que se me ha ocurrido a mi. Es más, lleva inventado y siendo usado durante años y años. El marketing de los sentidos es el nombre bonito.

Nos quedan dos sentidos por explotar de forma activa para generar recuerdos en las personas (clientes) y aumentar los estímulos en las experiencia de cliente. Especialmente si hablamos del mundo offline. El gusto y el olfato.

El gusto. Los sabores. Está claro que salvo que demos algo a probar o picoteo, es difícil de conseguir el objetivo de impactar positivamente con un sabor. ¿Seguro? ¿Tienes el recuerdo de sabor metal? ¿De arena de playa? ¿De cuando mascas tela? Quizás yo es que fuí un niño demasiado curioso, pero creo que más o menos, todas las personas vivimos una época en la que nos llevamos todo a la boca. Esos sabores, terminan quedándose en el cerebro y se pueden recordar durante años. Seguramente por peculiares y especiales.

Ahora sería un buen momento de poner a trabajar la creatividad y pensar, qué ocurriría si los clientes se llevaran a la boca alguno de los productos. Aun no siendo comestibles. Simplemente por la acción loca de ponerlos en la boca o chuparlos. Nunca se sabe que puede ocurrir. Para estas cosas me gusta comentar que el laboratorio farmacéutico Pfizer que fue el inventor de la viagra, les surgió porque detectaron un efecto secundario en un medicamento para tratar la angina de pecho. (Patología cardiovascular) no porque estuvieran investigando la disfunción eréctil.

Sin embargo, hay una curiosidad científica que a mi me divierte mucho. Gran parte de los sabores, los reconocemos gracias al olfato. Este sentido, es uno de los que funciona por defecto en nosotros. Queramos o no, constantemente estamos oliendo y detectando olores. Tanto buenos como malos, otra cosa es que el cerebro nos deje descansar y “obvie” esa información durante periodos de tiempo donde no hay cambios.

Jugar con este concepto es la base del marketing de los sentidos.

Esto nos lleva a que es posible que estemos desperdiciando uno de los puntos más potentes para trabajar el recuerdo y la experiencia de cliente. Me consta que hay negocios que intentan trabajar esta línea. Por ejemplo usando siempre un mismo ambientador o creando una fragancia personalizada. De forma que se asocie un olor con un sitio. Incluso si son varios establecimientos, que todos huelan igual. Una de las experiencias recientes que he tenido con este tema ha sido la exposición de Irán, cuna de civilizaciones. (ver vídeo de la exposición) Donde en una de las áreas, trabajan esta experiencia de vivir los olores del lugar. Lo hacen usando el propio montaje de los expositores. Un recubrimiento realizado con distintas plantas y especias, que simplemente desprenden aroma.

Lógicamente hay sectores y negocios en los cuales es más sencillo de aplicar este del marketing de los sentidos. Hasta ocurre de forma natural y espontánea. Como pueden ser panaderías, restaurantes, floristerias, etc. Pero, ¿quién no se ha dejado embriagar por el olor a coche nuevo? En todos los sectores se puede aplicar el concepto de experiencia olfativa. Con algo de creatividad, puedes hacer de ese olor tu marca. Pero no olvides que esto es solo un parte de todo lo que engobla crear una experiencia de cliente. Si quieres conocer más, en la hoja 49, comenté un ejemplo para crear alto impacto. (leer más)